{"id":588,"date":"2021-06-07T13:49:45","date_gmt":"2021-06-07T11:49:45","guid":{"rendered":"http:\/\/adelucas.es\/?p=588"},"modified":"2021-06-07T23:15:59","modified_gmt":"2021-06-07T21:15:59","slug":"la-despedida-relato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/adelucas.es\/?p=588","title":{"rendered":"La despedida (relato)"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"588\" class=\"elementor elementor-588\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-section-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-4fe10f1e elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"4fe10f1e\" data-element_type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-row\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-4d7cca15\" data-id=\"4d7cca15\" data-element_type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-column-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-cadffc1 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"cadffc1\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-text-editor elementor-clearfix\">\n\t\t\t\t<h2 style=\"text-align: center;\">La despedida<\/h2><h5 style=\"text-align: center;\">(Dedicado a <em>esos<\/em> profesores)<\/h5><figure id=\"attachment_601\" aria-describedby=\"caption-attachment-601\" style=\"width: 280px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-601 size-full\" src=\"http:\/\/adelucas.es\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/El-Club-de-los-poetas-muert_12042.jpg\" alt=\"Foto: El club de los poetas muertos\" width=\"280\" height=\"196\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-601\" class=\"wp-caption-text\">Fotograma de la pel\u00edcula &#8220;El club de los poetas muertos&#8221;<\/figcaption><\/figure><p class=\"western\" lang=\"es-ES-u-co-trad\" align=\"justify\">Cuando el maestro lleg\u00f3, se hizo el silencio. Ninguno de sus j\u00f3venes alumnos se atrev\u00eda a hablar; tal era el respeto que el anciano les infund\u00eda. O tal vez callaban esperando que fuera \u00e9l quien hablase, suplicando con un grito mudo que les ilustrase nuevamente, por \u00faltima vez. La situaci\u00f3n, en cualquier caso, se hac\u00eda inc\u00f3moda. Alguno, m\u00e1s avispado \u2013Enjolr\u00e1s podr\u00eda ser su nombre\u2013, consciente de ello, intentaba entablar conversaci\u00f3n; pero las palabras le sal\u00edan fr\u00edas, triviales, y ped\u00edan con vehemencia una vida ef\u00edmera. Qu\u00e9 pod\u00edan decir ellos ante su maestro, qu\u00e9 valor pod\u00edan tener sus palabras, sino el de retrasar aquellas que transportaban la verdadera sabidur\u00eda. Y no es que temieran a su mentor, al contrario. Lo sent\u00edan como una suerte de padre putativo hacia quien guardaban un profundo afecto y una mayor admiraci\u00f3n. Quiz\u00e1 podr\u00edan haberle hablado de sus problemas, de sus inquietudes, de sus preocupaciones, de su visi\u00f3n del mundo (o de alguna peque\u00f1a parcela, aunque esta se situase en el espinoso terreno del pensamiento, desde entonces nunca bald\u00edo). Pero el resumen de sus palabras habr\u00eda sido una petici\u00f3n de consejo, una mirada en busca de orientaci\u00f3n&#8230; en definitiva, la espera de la voz del maestro. Y eso, cre\u00edan ellos, ya lo dec\u00eda su silencio.<br \/>El anciano se sent\u00f3 a la mesa, entre ellos, como sol\u00eda hacerlo en sus clases. Los sent\u00eda parte de s\u00ed mismo; una parte imprescindible. En ellos hab\u00eda volcado su ser durante varios a\u00f1os. Ahora que se marchaban, le asaltaban la duda, el miedo, la pena y, quiz\u00e1, el orgullo. \u00ab\u00bfQu\u00e9 tal os va?\u00bb, les dijo con su habitual alegr\u00eda serena. Ellos contestaron que bien y callaron. El silencio le incomodaba. Pod\u00eda haber dicho cualquier cosa: la experiencia le hac\u00eda docto en este tipo de situaciones y sab\u00eda f\u00e1cilmente salir airoso de ellas. Pero no quer\u00eda hablar. Esta vez quer\u00eda o\u00edrles, escuchar por \u00faltima vez sus t\u00edmidas voces, guardarlas tal vez en el recuerdo y rastrear, por qu\u00e9 no, su semilla en cada uno de ellos. Uno de sus pupilos recurri\u00f3 atropelladamente a los t\u00f3picos creados para estos casos y habl\u00f3 del tiempo, la econom\u00eda o la vida, y el anciano le contest\u00f3 casi mec\u00e1nicamente; pero con la esperanza de que aquello fuera solo la llave a algo m\u00e1s. En breve, el joven enmudeci\u00f3 de nuevo. El maestro sinti\u00f3 c\u00f3mo una vieja espina le punzaba por dentro. \u00bfY si todo hab\u00eda quedado en nada?<br \/>Un conocido vino a rescatarle. Le sujet\u00f3 los tobillos y tir\u00f3 de ellos hacia el suelo con una banalidad cualquiera. El anciano mostr\u00f3 inter\u00e9s y se levant\u00f3 siguiendo autom\u00e1ticamente la conversaci\u00f3n mientras sus pensamientos quedaban en la mesa, inmovilizados por una terrible carga. No recordar\u00eda despu\u00e9s, por m\u00e1s que lo intentase, si lleg\u00f3 o no a despedirse. Su o\u00eddo tambi\u00e9n tard\u00f3 en levantarse, lo suficiente para escuchar \u2013\u00bfcomo una ilusi\u00f3n?\u2013 que el silencio duraba todav\u00eda unos segundos tras su marcha.<\/p><p class=\"western\" lang=\"es-ES-u-co-trad\" align=\"right\"><span style=\"font-family: Times New Roman, serif;\">Alberto de Lucas Vicente<\/span><\/p>\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La despedida (Dedicado a esos profesores) Cuando el maestro lleg\u00f3, se hizo el silencio. Ninguno de sus j\u00f3venes alumnos se atrev\u00eda a hablar; tal era el respeto que el anciano les infund\u00eda. O tal vez callaban esperando que fuera \u00e9l quien hablase, suplicando con un grito mudo que les ilustrase nuevamente, por \u00faltima vez. 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